Cruzada contra Morgion
La fiesta celebrada en Qualimori para agasajar a los héroes que tan valerosamente recuperaron la campana, se prolongó hasta altas horas de la madrugada. Agotados por el terrible esfuerzo, los compañeros tuvieron que retirarse pronto y estuvieron descansando hasta bien entrado el día siguiente y cuando despertaron todo había vuelto a la normalidad y los elfos continuaban su rutina diaria, si es que tal cosa existe en el mundo de los elfos. Eso sí, todos y cada uno de los que pasaban delante del pequeño templo consagrado a Paladine, tenían que detenerse y observar maravillados la espléndida campana que, ahora sí, pendía de lo alto de la única torre del edificio, lanzando brillos anaranjados y reconfortando al pueblo con cada tañido. Comieron en casa de Theossil'tas, quien acaudillaba a los elfos ahora que el Orador de los Soles había vuelto a Qualinost y Tanis tuvo a bien pasar el día con ellos. El día trascurrió con normalidad hasta que a mitad de tarde recibieron de los guardias la noticia de que un emisario había llegado al asentamiento de los elfos, y preguntaba por Ramalad el hechicero. El mensajero iba a caballo y vestía una túnica roja con runas de bronce en el borde de la capucha y las mangas y cuando el grupo salieron a su encuentro se apeó de su montura, se dirigió directamente hacia Ramald y tendiéndole un rollo de pergamino le notificó para asombro de todos que había llegado el momento de pasar La Prueba, y que se requería su presencia en las torres de Alta Hechicería de Wyreth en el espacio de un mes. Tras esto, volvió a montar y desapareció, cabalgando hacia la espesura. En el rollo que le había dado, aparte de lo que ya había expuesto el emisario, se le indicaba como encontrar y acceder a las secretas torres, pues nadie conocía su paradero. Ramalad reaccionó rápido y se dispuso a marcharse de inmediato, diciéndo que se reuniría con ellos cuando hubiera pasado la Prueba y volvería a poner sus habilidades, que esperaba crecieran tras la superación de la Prueba, al servicio de la causa contra Morgion. Tras recoger sus cosas y a punto ya de salir del asentamiento tras los pasos del mensajero, otra nueva sorpresa aguardaba al grupo, porque Occo, la clérigo de Sirrion, siempre imprevisible como la llama a la que representa su deidad se ofreció a escoltar al mago hasta las susodichas torres yademás, contra todo pronóstico Ramalad aceptó el ofrecimiento. Asi pues, tras emotivas despedidas y promesas de reencuentro la pareja partió finalmente. Cuando se hubieron ido, Tanis dijo a los otros que ellos también deberían marchar pronto, pues tenían una importante misión por delante y tampoco convenía abusar de la hospitalidad de los elfos. Se fueron a dormir y partieron al día siguiente, como habían llegado, en los grifos que les facilitaron el servicio de posta élfico. Se dirigían a Daltigoth, donde Tanis , según explicaría más tarde, pretendía tomar un barco que les llevara al norte, hacia el cabo de Nordmaar, acercándoles así a las aguas donde moraban Zebulah y Apoletta, los elfos marinos conocidos del semielfo que iban a tratar que el grupo pudiera llegar de una pieza ahasta las tenebrosas profundidades del remolino de Istar, bajo el cual yacía la malhadada ciudad de Istar y donde según las pesquisas del grupo hallarían el segundo fragmento del misterioso artefacto creado por el dios oscuro Morgion. Todo el pueblo acudió a la despedida, vitoreándo y aclamando a los compañeros hasta que los grifos donde montaban remontaron finalmente el vuelo. Ya en el aire, tanto Sir Sánchez como John mostraron a Tanis su interés por la monta de grifos y el semielfo, solícito, les explicó las maniobras básicas que permitían controlar a las monturas que surcaban los cielos. Ambos practicaron por espacio de dos horas que duró el viaje en grifo y al parecer el Caballero de Solamnia consiguió dominar bastante bien los entresijos y técnicas explicadas por el semielfo, mientras que John no parecía mostrarse tan diestro en el manejo de su animal.
Finalmente aterrizaron en los campos de cultivo que rodean la portuaria ciudad de Daltigoth y atravesaron su única puerta cuando ya había entrado la tarde. Una vez en la ciudad, el grupo se dividió, y mientras que Tanis y Sir Sánchez fueron al puerto a tratar de conseguir un barco que estuviera dispuesto a llevarlos "tan al norte como fuera posible" en palabras de Tanis, el resto del grupo fueron, como no, al inmenso mercado que posee esta ciudad, donde almorzaron en los puestos ambulantes y contemplaron todo tipo de rarezas que llegan pro mar a Daltigoth. Antes de dividirse quedaron en verse para cenar en 'La roca salada', la misma posada en la que se alojaron en su anterior visita a la ciudad y que se disponía en la zona de viviendas, próxima al mercado. Una vez estuvieron todos en la posada, Tanis les contó a todos, menos a John que había trabado amistad con unos marineros a fuerza de invitarlos a cerveza y retarlos a pulsos, que había encontrado un barco que les llevaba hasta el puerto de Seeham, al norte de Kalaman a cambio de unas pocas monedas y que arrimaran el hombro con los marineros de la nave. Si todo iba bien, la travesía les llevaría alrededor de 20 días y harían 3 escalas de un día en los puertos de Caergoth, Hylo y Palanthas. La nave se llamaba el Fénix de los Mares y su capitán Kuro les dijo que zarparían al amanecer del 2º día. Asi pues, esto les dejaba un día entero para explorar la ciudad. Esto fue lo que hicieron:
Sir Sánchez dirigió sus pasos hasta el destacamento de los Caballeros de Solamnia que había en la ciudad, con el motivo de observar lo que se hacía allí y de paso entrenar un poco sus habilidades de combate. Cuando llegó, se identificó como Caballero de la Corona y fue recibido con los honores que merecía, por parte de otro Caballero de la Corona y que oficiaba de capitán de aquél cuartel de los caballeros de nombre Galahad. Juntos recorieron las instalaciones y cuando llegaron al patio donde se ejercitaban los novicios, Sir Sánchez expuso a su camarada sus deseos de entrenar también e´l, pues estaba en misión importante y no debía descuidar ese aspecto de la vida de un caballero. Sir Galahad, aprobando sus palabras mando llamar a un prometedor escudero, muy diestro en el combate, pero poco disciplinado con la Medida, para que midiera su destreza con Sir Sánchez en un duelo con armas sin filos en el que vencería quien tocase con el canto de la espada tres veces a su oponente. Ambos se pusieron armaduras de cuero y el combate comenzó. Sir Sánchez, descuidando la Medida, trató de sacar provecho de aquel combate y mejorar su habilidad para parar ataques enemigos, en lugar de buscar honradamente la victoria sin desmerecer así a su adversario. De este modo fue rápidamente derrotado por el diestro escudero Gawain, quien se enfadó considerablemente con Sir Sánchez por la desconsideración de este a su honor y a su capacidad de combate. Éste, reconociendo su error, le concedió otro duelo, prometiendo que se emplearía a fondo y esta vez venció, aunque aún asi, el joven Gawain demostró ser un digno adversario. El resto del día lo paso en el cuartel de los Caballeros, rezando y discutiendo de religión y de diferentes aspectos de la Medida con Sir Galahad y otros caballeros.
Los otros tres oyeron en el mercao el día anterior que uno de los nobles de la ciudad poseía un vasto zoológico con animales extraños que se hacía traer por mar de todas las partes del mundo y hacía allí se dirigieron juntos. Visitaron el zoo sin niguna incidencia digna de resaltar y después volvieron al mercado donde almorzaron. Después de comer, cada uno se encaminó hacia sitios diferentes.
Txon, enterado de la presencia de un circo en la ciudad y todavía más fascinante, de que había kenders que participaban en el espectáculo, se fue de cabeza a donde se hallaba la compañía circense. Una vez allí, conoció a un alegre kender y le pidió que le dejara participar con él en su espectáculo de acrobacias, pero la demostración de sus habilidades no fue muy satisfactoria, por lo que su nuevo amigo le invitó al ensayo. Así, estuvo todo el dia practicando números circenses de acrobacias y trapecista y se lo pasó en grande. Cuando terminó el día, sus habilidades como acróbata habían aumentado considerablemente y además le invitaron a ver la función. Una tarde perfecta para el kender.
John Bladearm tenía ganas de pelear, así que se encaminó hacia uno de los barracones de la guardia y retó a todo quisque a un duelo. Como nadie salió voluntario, le permitieron entrenarse con uno de los muñecos rellenos de paja con los que los guardias de Daltigoth ensayaban sus maniobras de combate. Trató de poner en práctica algunos movimientos que le había enseñado su difunto maestro, con escaso éxito. Así que, tras unas horas de ejercicio se aburrió y decidió salir de la ciudad para tomar un poco de aire fresco y de paso ver si podía conseguir alguna buena pieza en los bosques para poder venderla luego en la ciudad. Lástima que sus habilidades como cazador le hicieran perder lo que quedaba de tarde sin conseguir resultado alguno.
Gän había sido rescatado de una lóbrega celda del templo subterráneo de Morgion, por lo que se encontraba desarmado a excepción de los dos puñales arrebatados a sendos acólitos oscuros. Por ello, fe sin dudarlo a una armería, donde se hizo con una bonita espada corta y un hacha de mano. Además hizo muy buenas migas con el encargado de la tienda, que le regaló la vaina para la espada corta. Pasó el resto de la tarde deambulando por el mercado.
Finalmente el grupo entero se reunió de nuevo en 'La roca salada' donde cenaron, durmieron y se despertaron al día siguiente, cuando todavía no había amanecido y se encaminaron hacia el Fénix de los Mares.

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