Una de piratas
En esta sesión participaron Zifnab, el mago verde (Karlitros); Kaldor Knor Caballero de la Corona (Alex); Sir Sánchez otro Caballero de la Corona (Smith); ----------, mago túnica blanca (Kike); John Bladearm guerrero humano(Hita); y Txon el kender (Mechón).
Cuando por fin arribaron al puerto, la tripulación del Fénix de los Mares ya estaba activa y afanosamente cargaba la mercancía en la gran nave de tres mástiles donde los compañeros iban a pasar los próximos 20 días más o menos. Kuro, el capitán del barco, se entrevistó brevemente con Tanis, tras lo cual preguntó a los compañeros si tenían alguna experiencia con la navegación y asignó a cada uno un puesto de acuerdo con sus facultades. Así por ejemplo, John fue enviado a cubierta a ayudar en las maniobras del barco pues tenía cierta experiencia en nudos y cuerdas (cabos como se dice en el mar). Y a Txon se le asignó, para su total regocijo, un puesto en la cofa junto al vigía, pues de todos es sabido que los kenders poseen una agudeza visual innata que no tiene ninguna otra raza de Krynn. ------ se ofreció para trabajar en las cocinas pues solía ejercer de cocinero en bastantes ocasiones cuando habitaba la torre del Sumo Sacerdote. A los demás se les encomendaron tareas más o menos sencillas, como limpiar la cubierta y camarotes, engrasar jarcias y cañones... Y al fin, cuando todos estuvieron en sus puestos, el Fénix de los Mares se dispuso a zarpar. Los compañeros se agruparon en la borda para ver como el barco largaba amarras y como poco a poco la nave se alejaba del puerto de Daltigoth, aunque enseguida el capitán Kuro y su contramaestre Jango comenzaron a dar órdenes a todo el mundo para que ocuparan sus puestos así que a los amigos no les quedó otro remedio que ponerse a trabajar en su nuevo cargo de marineros. La primera jornada de travesía discurrió con una tranquilidad absoluta. Sólo el kender tuvo algún que otro sobresalto pues no estaba familiarizado con las escalas de cuerda que se emplean para ascender a la cofa y al intentar trepar por una de ellas se enredó, perdiendo manos y pies y a punto estuvo de caer por la borda hacia un mar que, según el capitán y los demás tripulantes, estaba infestado de tiburones. Sólo su agilidad y sus reflejos salvaron al kender de su desagradable remojón. Finalmente logró su objetivo de trepar por la escala y ocupó su puesto en la cofa, donde disfrutó con las lecciones que el amable vigía oficial le impartía, especialmente las referidas al uso del catalejo, que no tardó en caer accidentalmente en su bolsa. El tiempo era inmejorable y un agradable viento de levante soplaba en un día extraordinariamente despejado. No obstante, ni Kaldor, ni Zifnab, ni ------ estaban acostumbrados a los viajes en barcos (realmente ninguno lo estaba) y el vaivén de la nave mecida por las olas les resultaba bastante incómodo. Se pasaron el día con el peor mareo de sus vidas lo cual era motivo de regocijo para el resto de tripulantes del barco, que no paraban de burlarse cuando veían a alguno de ellos encaramarse a cualquiera de las bordas y doblarse sobre ellas. De una forma parecida transcurrieron los dos días siguientes, con el mismo buen tiempo y el mismo buen viento ( Kaldor lo atribuía a sus continuos rezos a Habakkuk, en los que rogaba al Rey Pescador para que su travesía fuera apacible) que los empujaba a su siguiente destino, que no era otro que la ciudad de Caergoth a la cual llegarían en la mañana del 4º día. Es justo decir que los dos magos y Kaldor se fueron habituando a la vida de a bordo y que el kender también se sentía más cómodo trepando por la escala hacia lo alto del mástil central. Así pues, cuando se estaban haciendo a la vida en alta mar, desembarcaron en el puerto de Caergoth.
Esta ciudad era conocida por poseer los mejores astilleros de toda Solamnia (junto con Palanthas y Kalaman), por ser una gran exportadora de madera y sobre todo por sus innumerables tabernas en las que se servía la famosa cerveza de Caergoth, que atraía a visitantes y comerciantes de muchos rincones de Ansalon. Pues bien, en la época en la que los compañeros desembarcaron, se celebraba en la ciudad el Festival Anual de la Cerveza. Caergoth se vestía de fiesta, con banderas y pendones ondeando por doquier y la gente abarrotaba las calles y bebía desde el amanecer hasta bien entrada la noche en las barras instaladas al aire libre por toda la ciudad.
No es de extrañar que nada más poner pie en tierra, el kender saliera disparado a mezclarse entre la multitud y el bullicio, a empaparse del ambiente festivo reinante. John, acostumbrado a este tipo de reacciones por parte de su amigo, siguió a Txon a duras penas pero lo alcanzó un par de calles más adelante. Con ellos también iba Mathus, el kender que había seguido a Txon desde Hylo. Era difícil ver al uno sin el otro, incluso insistía en acompañarlo a lo alto de la cofa aunque normalmente era disuadido por evidentes razones de espacio. Así pues, los tres caminaron sin rumbo por las repletas calles de Caergoth, cada uno disfrutando de la fiesta a su modo: mientras que John se deleitaba con la cerveza que le ofrecían sin parar, los kenders se lo pasaban en grande recogiendo objetos que la gente, descuidada por la continua ingesta de cerveza, se dejaba olvidados por cualquier sitio. Comieron en la misma calle y continuaron su paseo hasta que llegaron a la gran plaza principal, donde se emplazaba el edificio del ayuntamiento flanqueado por la enorme torre del reloj, un invento gnomo que puntualmente hacía sonar una enorme campana cada hora. Aquello, por descontado, fascinó a los kenders...
El resto del grupo se quedó en las inmediaciones del puerto hasta que Zifnab, hastiado de los continuos sermones por parte de los dos Caballeros de Solamnia y el túnica blanca instándole a decantarse por una de las tres órdenes y recomendándole encarecidamente vestir la túnica blanca, decidió también darse una vuelta por la ciudad, probar la famosa cerveza y distraerse así de la perorata que le estaban soltando sus compañeros.
Txon se acercó a la gran torre y comprobó que una puerta se abría a la plaza, pero que desgraciadamente estaba cerrada y custodiada por un guardia. Luego supuso que desde el ayuntamiento se tendría que poder acceder al reloj, pero se llevó otra decepción al comprobar que el edificio también estaba vigilado por otro par de guardias. Finalmente descubrió, en uno de los laterales de la torre un ventanuco suficientemente grande para que cupiera un kender. El problema es que se situaba a unos 3 metros de altura, inalcanzable para alguien con su metro veinte de estatura. No le quedó otra que pedir ayuda a Mathus, que accedió de inmediato, y a John, quien debido a su estado de embriaguez encontró divertido colaborar con los kenders. De modo que John aupó a los dos hombrecillos y Txon, trepando por encima de Mathus, consiguió aferrarse al alfeizar de la ventana y pasar dentro de la torre. Se encontró a mitad de una escalera de caracol que ascendía pegada a la pared y por ella subió hacia el reloj que se encontraba en lo alto. Txon podía oir claramente el mecanismo gnomo funcionando y corrió escaleras arriba. Pero cuando las escaleras se acabaron dieron lugar a una puerta, que para colmo de males estaba cerrada con llave y probablemente protegida con algún tipo de trampa según pudo ver Txon tras analizarla detenidamente. Sin ver una salida clara descendió nuevamente corriendo hacia el ventanuco por el que había entrado y tendiéndole una cuerda a Mathus le instó a que subiera explicándole la situación. Pero la mala suerte quiso que el vigilante de la puerta oyera a los amigos y tras rodear la torre, comenzó a gritar llamando a la guardia. Los dos kenders reaccionaron rápido y Mathus echó a correr mientras que Txon dejaba caer la cuerda y se ocultaba en el interior del edificio. John por su parte, se quedó donde estaba, con cara de asombro. El vigilante del reloj, desenvainó la espada y apuntó con ella a John, ordenándole que no hiciera ninguna tontería mientras llegaba la guardia. Una patrulla llegó veloz al lugar de los hechos, a tiempo para contemplar la huida de Mathus por lo que un grupo salió en su persecución y otro se quedó para detener a John, que balbuceaba algo sobre que le habían ordenado colocar un pendón en lo alto de la torre. Ante tal inverosímil excusa y viendo el estado en que se encontraba, le ataron las manos y se lo llevaron detenido. Mathus, por su parte, corría como alma que lleva el diablo por las concurridas calles de Caergoth. Era consciente de que le seguían e intentó en vano encontrar algún lugar propicio para ocultarse. Al principio encontró todo bastante divertido, pero pronto empezó a dolerle el pecho y a costarle respirar y decidió que ya había tenido suficiente por ese día, por lo que, tras doblar una esquina, se echó cuerpo a tierra debajo de un montón de desperdicios, confiando en que su maniobra hubiera pasado desapercibida para sus perseguidores. Al parecer así fue, pues tras esperar un tiempo prudencial salió de su escondrijo y encontró todo despejado. Después trató de orientarse y tras pedir un par de indicaciones llegó de nuevo al puerto.
Txon lo observaba todo desde arriba. Vio como se llevaban a John y como Mathus iniciaba su carrera aunque lo perdió de vista en cuanto dobló una esquina. Trató de salir por la puerta de abajo, que había quedado huérfana de vigilancia tras marcharse el guardia con John y los demás escoltas, pero la encontró atrancada y sospechó también la presencia de otro mecanismo oculto por si alguien intentaba forzarla. De manera que solo le quedó saltar a la calle por el mismo ventanuco por el que había entrado. Quedaba demasiado alto para él y se hizo algo de daño en la caída, pero se rehizo y consiguió llegar hasta el puerto con bastante celeridad.
Una vez allí se encontró con Tanis, que hablaba con el capitán y sus otros cuatro amigos. Al parecer, Mathus llegó sano y salvo y había contado a los otros lo sucedido, aunque el kender ignoraba lo ocurrido con John y con Txon. Éste, cuando llegó contó al resto como la guardia se había llevado al espadachín y Tanis, meneando la cabeza se fue a buscarle acompañado por Kaldor Knor, a los barracones de la guardia. Allí encontraron al oficial a cargo y pagaron una elevada fianza por el prisionero, alegando que éste no quedaría sin su justo castigo. Tras esto volvieron al barco y se confinó a todo el grupo a dormir a bordo.
Zarparon de Caergoth al amanecer del día siguiente, el 5º desde que abandonaran la isla de Ergoth del Sur. El tiempo había empeorado visiblemente y ahora densos nubarrones cubrían el cielo ocultando el sol el día de la partida. No obstante, no tuvieron ningún incidente digno de mención a lo largo de ese 5º día y prosiguieron con sus tareas de a bordo como llevaban haciendo toda la travesía. El día siguiente, el 6º, amaneció más despejado, y el sol lucía en lo alto del cielo. Pasaron una mañana bastante animada, comentando y haciendo chanzas sobre lo acontecido en Caergoth. ------ cocinó un estupendo guiso y con ello disipó todas las reticencias que podía haber hacia su cocina. Parecía que el día iba a finalizar como los demás que habían pasado en el mar, esto es, sin incidencias y de hecho Kaldor ya estaba insistiendo a todo el mundo para que dieran gracias a su dios Habakkuk por tan agradable viaje, cuando un grito del vigía los puso a todos alerta.
Txon miraba por el catalejo. Empezaba a aburrirse de la monótona visión del mar a través del instrumento, sobre todo ahora que se encontraban más al norte y ya no se podía divisar tierra ni al este ni al oeste, cuando de pronto distinguió algo en el horizonte que llamó su atención. Se lo hizo saber al vigía, que remoloneaba apostado a su lado pero éste no consiguió discernir nada, así que devolvió el catalejo al kender diciéndole que descendiera si se estaba aburriendo. Pero Txon, seguro de lo que había visto continuó mirando por el catalejo hacia estribor. Lo que antes era un simple punto, ahora se había convertido en la forma, nítida para sus agudos ojos, de un barco. Entusiasmado se lo hizo saber de nuevo al vigía, quien al principio le dijo de malos modos que no lo molestara. Sin embargo y ante la insistencia y excitación del kender, accedió a volver a echar un vistazo y fue entonces cuando dio la voz de alarma. En efecto, un barco se les acercaba por estribor, pero lo que hizo dar el grito al vigía fue que portaba una bandera negra como la muerte. La bandera que los identificaba como piratas.
Tras el aviso, Jango, el contramaestre, apareció en cubierta y requirió el catalejo. Tras mirar en la dirección indicada, confirmó lo observado por el vigía, dio unas cuantas órdenes y volvió a desaparecer camino del camarote del capitán, situado debajo del castillo de popa. Disciplinados, los marineros se dispusieron a cumplir con las indicaciones impartidas por su contramaestre.
No tardó mucho en sobrevenir el primer cañonazo.
La nave corsaria, ya claramente visible, era más pequeña que el Fénix de los Mares, pero lo superaba ampliamente en potencia de fuego, como demostraban las numerosas y negras bocas que se abrían en el costado del barco enemigo. En cubierta, un nutrido grupo de piratas, fuertemente armados , vociferaba y gesticulaba con excitación, a la espera de que se produjera el abordaje. Lo que ignoraban los tripulantes del Fénix de los Mares es qué táctica utilizarían los filibusteros: si se mantendrían a distancia debilitándoles con sus cañones, o si por el contrario no serían tan pacientes e intentarían un abordaje directo.
El cañonazo de los piratas falló y fue directo al mar, salpicando a algunos de los integrantes del barco donde se encontraban los compañeros, que estaban todos reunidos y con las armas prestas.
Otro cañonazo enemigo erró por muy poco su objetivo. A continuación el Fénix de los Mares respondió por primera vez y descargó una salva que también fue a parar al agua. Tanis apareció al lado del grupo con el arco en la mano y una sonrisa en la cara. Les explicó que la decisión del capitán consistía en acercarse a ellos y forzar el abordaje, pues creía que así sería más posible la victoria. Como para ratificar las palabras del semielfo, una salva enemiga hizo blanco en cubierta y lanzó a algunos marineros por encima de la borda. Tanis se aferró a una escala y trepó por ella y los compañeros tomaron posiciones mientras el Fénix de los Mares iniciaba la maniobra de aproximación y descargaba otra ráfaga de cañonazos.
Los magos subieron al castillo de popa y aguardaron su turno tras el timón, lejos de la borda por donde se produciría el abordaje. También al castillo se encaramó John y sostuvo su arco dispuesto a no dejar que ningún corsario llegara sano a la cubierta del barco. Los kenders se colocaron en torno al mástil central con sus extrañas armas hoopak y kapak enarboladas. En primera línea se situaron, como su honor les exigía, Kaldor Knor y Sir Sánchez, los Caballeros de Solamnia.
Antes de que los primeros garfios fueran lanzados contra la baranda del Fénix de los Mares, pudieron ver como Tanis lanzaba una rapidísima sucesión de flechas contra los piratas y la mayoría acertó en su objetivo. Los corsarios respondieron enfurecidos con una descarga de pólvora que hizo blanco y abrió varias vías de agua que los marineros se esforzaban por achicar. También lanzaron una lluvia de flechas sobre la cubierta y acto seguido vieron volar los garfios de abordaje y contemplaron como la mayoría conseguía engancharse en la baranda de estribor del barco mercante. Los piratas hostigaban con proyectiles a los marineros para intentar disuadirlos de que cortaran los cabos de los ganchos y los primeros comenzaron a cruzar hacia el Fénix de los Mares. Los compañeros comenzaban a preparar sus propios proyectiles cuando oyeron una letanía que venía de algún lugar del barco enemigo. Nada más finalizar el cántico, contemplaron consternados como una niebla densa cubría la zona que quedaba entre las dos naves, ocultando a los piratas que en ese momento trataban de abordar el barco. Para aumentar su desasosiego se oyó un grito por encima de sus cabezas y vieron a Tanis descender de la escala con una herida abierta en el brazo izquierdo causada por una flecha enemiga. No obstante, el semielfo les dirigió una sonrisa de complicidad y se colgó el arco, desenvainó a la legendaria Wyrmslayer y corrió hacia la proa, donde ya comenzaban los primeros filibusteros a salir de entre la niebla. También el primer pirata asomó frente a los Caballeros de Solamnia, lanzando un mandoble con un enorme sable que Kaldor desvió por los pelos con su escudo. Otro pirata salto a la cubierta del Fénix de los Mares, este portando un sable en una mano y empuñando en la otra una daga. Corrió a ayudar a su compañero pero Sir Sánchez cerró filas, interponiéndose en su camino y trabando batalla con el recién llegado. Otros dos más, portando sendas ballestas aparecieron cerca de donde estaban los dos caballeros. John les disparó una flecha antes de que ninguno pudiera reaccionar, pero el proyectil no encontró su objetivo y el primer ballestero apuntó hacia su posición... pero nunca llegó a apretar el disparador de su ballesta.
-------- desde su posición cogió de uno de los bolsillos de su túnica un puñado de arena y lo dejo caer al suelo mientras con la mano derecha apuntaba al pirata y murmuraba: “ast tasark sinuralan krinawi”. El corsario miró en su dirección y acto seguido se tambaleo y cayó presa de un profundo sueño.
Entre tanto los kenders se lo pasaban en grande disparando piedras con sus armas en dirección al enemigo que luchaba con Kaldor con diversa suerte pues si bien Mathus acertó al pirata en la frente con uno de sus proyectiles, otras piedras no fueron tan bien lanzadas llegando incluso a golpear a Kaldor en la espalda, aunque, por fortuna, sin consecuencias mayores. Tanto Txon como Mathus recibieron una reprimenda por parte de Kaldor, que estaba ya bastante harto de escuchar piedras silbándole en los oídos. Asi que ambos hombrecillos cambiaron su objetivo y viendo que ningún otro Caballero de Solamnia gruñón andaba cerca del otro pirata con ballesta, lo escogieron a él como blanco de sus armas de proyectil. Éste disparó con su arma contra John, pero el virote ni siquiera pasó cerca del guerrero. Como respuesta, John cargó nuevamente el arco, lo levantó apuntando, y disparó la flecha que acertó al ballestero en mitad del pecho. El pirata se dobló hacia delante aún dispuesto a hacer un nuevo intento, pero un alud de piedras disparadas por los kenders acabó finalmente con él.
Por su parte, Zifnab tras pensar acurrucado bajo la baranda del castillo de popa, pareció que buscaba algo del interior de su túnica color verde. Cuando lo encontró se levanto con decisión y volviéndose hacia la nube de niebla, comenzó a gesticular y a murmurar unas palabras ininteligibles, tras lo que volvió a agazaparse parapetado tras la baranda. No pareció ocurrir nada, pero pasados unos momentos comenzaron a surgir del interior de la niebla gritos y maldiciones de los corsarios que encaramados a la cuerda engrasada mágicamente, caían irremisiblemente al océano que se abría bajo sus pies.
Entretanto, más corsarios seguían saltando a la borda del barco mercante y otros tantos resbalaban por las cuerdas hechizadas por Zifnab, que había transformado la niebla mágica en una ventaja tan útil como la que suponía para los asaltantes. Dos piratas saltaron a cubierta en el preciso momento que Kaldor, con un elegante giro de su espada, traspasaba a su adversario de lado a lado. Rápidamente corrió a enfrentarse con uno de los que acababan de saltar a bordo y nuevamente se vio envuelto en otra batalla.
El otro pirata, viéndose libre, corrió hacia el castillo de popa, pues los dos magos descendían por las escaleras con dagas en la mano y dispuestos a cortar las cuerdas por las que seguían llegando más y mas eemigos. De un salto se plantó delante de Zifnab, y lanzando un terrible tajo oblicuo de arriba abajo abrió el pecho del mago de túnica verde, quien solo pudo soltar un grito ahogado antes de caer inconsciente al suelo. -------, con gesto tranquilo enarboló su bastón y golpeó en repetidas ocasiones al verdugo de su compañero, primero en el estómago y luego en la cabeza dejándolo bastante maltrecho, si bien no consiguió acabar con él del todo y se alzó de nuevo dispuesto a cobrarse venganza.
Sir Sánchez también parecía tener problemas con su enemigo, quien movía el sable y la daga a una velocidad vertiginosa. Sangraban ambos por varias heridas aunque el caballero parecía llevar la peor parte. En una ocasión, Sir Sánchez se lanzó a fondo con su espada bastarda, que blandía con ambas manos, pero su rápido oponente desvió por dos ocasiones su embestida y le propinó una patada que hizo que el Caballero de Solamnia cayera sobre su propia arma, haciéndose un daño considerable. No obstante, apelando a su honor, Sir Sánchez se repuso de tan tremenda herida y continuó plantando cara a su hábil adversario.
De momento parecía que la avalancha de piratas se había detenido, lo cual dio cierto respiro a los defensores. Kaldor libraba un bonito e intenso combate contra su adversario, q llegó a alcanzarlo en una ocasión, dándole un puntazo con su sable. No obstante, el estilo del caballero era impecable, y solo fue cuestión de tiempo que el pirata sucumbiera ante los envites, fintas y quites que Kaldor Knorr ejecutaba a la perfección. Una vez hubo acabado con este nuevo enemigo, Kaldor oteó el estado de la batalla.
Los dos kenders disparaban ahora contra el contrincante de Sir Sánchez, aunque en la intensa batalla que ambos libraban ninguno de los dos combatientes parecía haberse dado cuenta. De repente, Txon, quien estaba a punto de disparar un nuevo proyectil con su hoopak apoyada en el suelo, hizo demasiada palanca, probablemente dejándose llevar por la excitación del momento, y su vara se partió en dos, dejando al pobre kender mirando los dos trozos de su hoopak con cara compungida. Maliciosamente, el Caballero de Solamnia pensó que Habakkuk estaba de su lado pro aquello.
También vio que John había desenfundado su arma y corría en auxilio de ------, que hacía lo que podía para defenderse de los furiosos ataques del corsario que lo acosaba sin respiro. Por el momento lo hacía bien pero Kaldor no creía que el mago blanco pudiera aguantar mucho más. Buscó a Zifnab y lo halló tendido en un gran charco de sangre, cerca de donde combatía -----, así que sin perder el tiempo corrió en auxilio del mago caído.
En efecto ----- se defendía bien de los ataques del pirata pero se encontraba al límite de su resistencia. Por el rabillo del ojo vio a John que corría en su ayuda pero justo entonces noto un dolor lacerante en su hombro derecho que retiró de forma refleja. El pirata había conseguido herirle aunque no era demasiado grave. Justo cuando el corsario se disponía a rematar la faena John dio un salto y bloqueó el sablazo que pretendía acabar con la vida de su compañero. Sin perder el tiempo y completando el movimiento, el guerrero de Sirgel empujó hacia arriba y soltó un mandoble de derecha a izquierda que alcanzó al corsario en el costado. Éste, maldiciendo retrocedió y se olvidó del mago y de su venganza, encarando a su nuevo adversario. Resultó ser un adversario más que digno para John, pues reponiéndose a la herida sufrida, lanzó dos o tres estocadas de prueba y a la cuarta alcanzó al guerrero en la ingle, introduciendo el sable entre dos placas de su armadura. Desgraciadamente para el pirata enfrente tenía un individuo curtido en más de una batalla y aprovechando que su enemigo se tiró a fondo y sin darle tiempo a reaccionar, John lanzó un tajo horizontal que a punto estuvo de cercenar la cabeza de su adversario. En ese mismo instante, Kaldor había llegado donde se encontraba el malherido Zifnab, y pidiendo el favor de Paladine y la gracia de Mishakal impuso las manos sobre el cuerpo del mago. Una tenue luz azulada cubrió las manos del Caballero de Solamnia y de repente la horrible herida transversal que cruzaba el torso de Zifnab, comenzó a cerrarse visiblemente, la respiración del mago se hizo mas reposada y el rictus de dolor se borró de su rostro.
Para entonces, la niebla se había disipado y todos pudieron ver como los piratas renunciaban al abordaje y a sus camaradas y su barco se alejaba en dirección opuesta. El contrincante de Sir Sánchez, viéndose abandonado, se rindió de inmediato, rendición que fue aceptada sin reparos por el honesto Caballero de Solamnia. Tanis apareció cubierto de sangre, aunque aseguró que poca le pertenecía y felicitó a los compañeros por el gran combate realizado. Observó asimismo las dos capturas realizadas y procedieron a atarlos y llevarlos a las bodegas hasta que llegaran a Hylo, su siguiente escala, donde serían puestos a disposición de la justicia. Los compañeros se encontraban exhaustos pero felices por la batalla vencida, con la única excepción de Txon que seguía mirando los dos trozos de su vara rota.
Cuando por fin arribaron al puerto, la tripulación del Fénix de los Mares ya estaba activa y afanosamente cargaba la mercancía en la gran nave de tres mástiles donde los compañeros iban a pasar los próximos 20 días más o menos. Kuro, el capitán del barco, se entrevistó brevemente con Tanis, tras lo cual preguntó a los compañeros si tenían alguna experiencia con la navegación y asignó a cada uno un puesto de acuerdo con sus facultades. Así por ejemplo, John fue enviado a cubierta a ayudar en las maniobras del barco pues tenía cierta experiencia en nudos y cuerdas (cabos como se dice en el mar). Y a Txon se le asignó, para su total regocijo, un puesto en la cofa junto al vigía, pues de todos es sabido que los kenders poseen una agudeza visual innata que no tiene ninguna otra raza de Krynn. ------ se ofreció para trabajar en las cocinas pues solía ejercer de cocinero en bastantes ocasiones cuando habitaba la torre del Sumo Sacerdote. A los demás se les encomendaron tareas más o menos sencillas, como limpiar la cubierta y camarotes, engrasar jarcias y cañones... Y al fin, cuando todos estuvieron en sus puestos, el Fénix de los Mares se dispuso a zarpar. Los compañeros se agruparon en la borda para ver como el barco largaba amarras y como poco a poco la nave se alejaba del puerto de Daltigoth, aunque enseguida el capitán Kuro y su contramaestre Jango comenzaron a dar órdenes a todo el mundo para que ocuparan sus puestos así que a los amigos no les quedó otro remedio que ponerse a trabajar en su nuevo cargo de marineros. La primera jornada de travesía discurrió con una tranquilidad absoluta. Sólo el kender tuvo algún que otro sobresalto pues no estaba familiarizado con las escalas de cuerda que se emplean para ascender a la cofa y al intentar trepar por una de ellas se enredó, perdiendo manos y pies y a punto estuvo de caer por la borda hacia un mar que, según el capitán y los demás tripulantes, estaba infestado de tiburones. Sólo su agilidad y sus reflejos salvaron al kender de su desagradable remojón. Finalmente logró su objetivo de trepar por la escala y ocupó su puesto en la cofa, donde disfrutó con las lecciones que el amable vigía oficial le impartía, especialmente las referidas al uso del catalejo, que no tardó en caer accidentalmente en su bolsa. El tiempo era inmejorable y un agradable viento de levante soplaba en un día extraordinariamente despejado. No obstante, ni Kaldor, ni Zifnab, ni ------ estaban acostumbrados a los viajes en barcos (realmente ninguno lo estaba) y el vaivén de la nave mecida por las olas les resultaba bastante incómodo. Se pasaron el día con el peor mareo de sus vidas lo cual era motivo de regocijo para el resto de tripulantes del barco, que no paraban de burlarse cuando veían a alguno de ellos encaramarse a cualquiera de las bordas y doblarse sobre ellas. De una forma parecida transcurrieron los dos días siguientes, con el mismo buen tiempo y el mismo buen viento ( Kaldor lo atribuía a sus continuos rezos a Habakkuk, en los que rogaba al Rey Pescador para que su travesía fuera apacible) que los empujaba a su siguiente destino, que no era otro que la ciudad de Caergoth a la cual llegarían en la mañana del 4º día. Es justo decir que los dos magos y Kaldor se fueron habituando a la vida de a bordo y que el kender también se sentía más cómodo trepando por la escala hacia lo alto del mástil central. Así pues, cuando se estaban haciendo a la vida en alta mar, desembarcaron en el puerto de Caergoth.
Esta ciudad era conocida por poseer los mejores astilleros de toda Solamnia (junto con Palanthas y Kalaman), por ser una gran exportadora de madera y sobre todo por sus innumerables tabernas en las que se servía la famosa cerveza de Caergoth, que atraía a visitantes y comerciantes de muchos rincones de Ansalon. Pues bien, en la época en la que los compañeros desembarcaron, se celebraba en la ciudad el Festival Anual de la Cerveza. Caergoth se vestía de fiesta, con banderas y pendones ondeando por doquier y la gente abarrotaba las calles y bebía desde el amanecer hasta bien entrada la noche en las barras instaladas al aire libre por toda la ciudad.
No es de extrañar que nada más poner pie en tierra, el kender saliera disparado a mezclarse entre la multitud y el bullicio, a empaparse del ambiente festivo reinante. John, acostumbrado a este tipo de reacciones por parte de su amigo, siguió a Txon a duras penas pero lo alcanzó un par de calles más adelante. Con ellos también iba Mathus, el kender que había seguido a Txon desde Hylo. Era difícil ver al uno sin el otro, incluso insistía en acompañarlo a lo alto de la cofa aunque normalmente era disuadido por evidentes razones de espacio. Así pues, los tres caminaron sin rumbo por las repletas calles de Caergoth, cada uno disfrutando de la fiesta a su modo: mientras que John se deleitaba con la cerveza que le ofrecían sin parar, los kenders se lo pasaban en grande recogiendo objetos que la gente, descuidada por la continua ingesta de cerveza, se dejaba olvidados por cualquier sitio. Comieron en la misma calle y continuaron su paseo hasta que llegaron a la gran plaza principal, donde se emplazaba el edificio del ayuntamiento flanqueado por la enorme torre del reloj, un invento gnomo que puntualmente hacía sonar una enorme campana cada hora. Aquello, por descontado, fascinó a los kenders...
El resto del grupo se quedó en las inmediaciones del puerto hasta que Zifnab, hastiado de los continuos sermones por parte de los dos Caballeros de Solamnia y el túnica blanca instándole a decantarse por una de las tres órdenes y recomendándole encarecidamente vestir la túnica blanca, decidió también darse una vuelta por la ciudad, probar la famosa cerveza y distraerse así de la perorata que le estaban soltando sus compañeros.
Txon se acercó a la gran torre y comprobó que una puerta se abría a la plaza, pero que desgraciadamente estaba cerrada y custodiada por un guardia. Luego supuso que desde el ayuntamiento se tendría que poder acceder al reloj, pero se llevó otra decepción al comprobar que el edificio también estaba vigilado por otro par de guardias. Finalmente descubrió, en uno de los laterales de la torre un ventanuco suficientemente grande para que cupiera un kender. El problema es que se situaba a unos 3 metros de altura, inalcanzable para alguien con su metro veinte de estatura. No le quedó otra que pedir ayuda a Mathus, que accedió de inmediato, y a John, quien debido a su estado de embriaguez encontró divertido colaborar con los kenders. De modo que John aupó a los dos hombrecillos y Txon, trepando por encima de Mathus, consiguió aferrarse al alfeizar de la ventana y pasar dentro de la torre. Se encontró a mitad de una escalera de caracol que ascendía pegada a la pared y por ella subió hacia el reloj que se encontraba en lo alto. Txon podía oir claramente el mecanismo gnomo funcionando y corrió escaleras arriba. Pero cuando las escaleras se acabaron dieron lugar a una puerta, que para colmo de males estaba cerrada con llave y probablemente protegida con algún tipo de trampa según pudo ver Txon tras analizarla detenidamente. Sin ver una salida clara descendió nuevamente corriendo hacia el ventanuco por el que había entrado y tendiéndole una cuerda a Mathus le instó a que subiera explicándole la situación. Pero la mala suerte quiso que el vigilante de la puerta oyera a los amigos y tras rodear la torre, comenzó a gritar llamando a la guardia. Los dos kenders reaccionaron rápido y Mathus echó a correr mientras que Txon dejaba caer la cuerda y se ocultaba en el interior del edificio. John por su parte, se quedó donde estaba, con cara de asombro. El vigilante del reloj, desenvainó la espada y apuntó con ella a John, ordenándole que no hiciera ninguna tontería mientras llegaba la guardia. Una patrulla llegó veloz al lugar de los hechos, a tiempo para contemplar la huida de Mathus por lo que un grupo salió en su persecución y otro se quedó para detener a John, que balbuceaba algo sobre que le habían ordenado colocar un pendón en lo alto de la torre. Ante tal inverosímil excusa y viendo el estado en que se encontraba, le ataron las manos y se lo llevaron detenido. Mathus, por su parte, corría como alma que lleva el diablo por las concurridas calles de Caergoth. Era consciente de que le seguían e intentó en vano encontrar algún lugar propicio para ocultarse. Al principio encontró todo bastante divertido, pero pronto empezó a dolerle el pecho y a costarle respirar y decidió que ya había tenido suficiente por ese día, por lo que, tras doblar una esquina, se echó cuerpo a tierra debajo de un montón de desperdicios, confiando en que su maniobra hubiera pasado desapercibida para sus perseguidores. Al parecer así fue, pues tras esperar un tiempo prudencial salió de su escondrijo y encontró todo despejado. Después trató de orientarse y tras pedir un par de indicaciones llegó de nuevo al puerto.
Txon lo observaba todo desde arriba. Vio como se llevaban a John y como Mathus iniciaba su carrera aunque lo perdió de vista en cuanto dobló una esquina. Trató de salir por la puerta de abajo, que había quedado huérfana de vigilancia tras marcharse el guardia con John y los demás escoltas, pero la encontró atrancada y sospechó también la presencia de otro mecanismo oculto por si alguien intentaba forzarla. De manera que solo le quedó saltar a la calle por el mismo ventanuco por el que había entrado. Quedaba demasiado alto para él y se hizo algo de daño en la caída, pero se rehizo y consiguió llegar hasta el puerto con bastante celeridad.
Una vez allí se encontró con Tanis, que hablaba con el capitán y sus otros cuatro amigos. Al parecer, Mathus llegó sano y salvo y había contado a los otros lo sucedido, aunque el kender ignoraba lo ocurrido con John y con Txon. Éste, cuando llegó contó al resto como la guardia se había llevado al espadachín y Tanis, meneando la cabeza se fue a buscarle acompañado por Kaldor Knor, a los barracones de la guardia. Allí encontraron al oficial a cargo y pagaron una elevada fianza por el prisionero, alegando que éste no quedaría sin su justo castigo. Tras esto volvieron al barco y se confinó a todo el grupo a dormir a bordo.
Zarparon de Caergoth al amanecer del día siguiente, el 5º desde que abandonaran la isla de Ergoth del Sur. El tiempo había empeorado visiblemente y ahora densos nubarrones cubrían el cielo ocultando el sol el día de la partida. No obstante, no tuvieron ningún incidente digno de mención a lo largo de ese 5º día y prosiguieron con sus tareas de a bordo como llevaban haciendo toda la travesía. El día siguiente, el 6º, amaneció más despejado, y el sol lucía en lo alto del cielo. Pasaron una mañana bastante animada, comentando y haciendo chanzas sobre lo acontecido en Caergoth. ------ cocinó un estupendo guiso y con ello disipó todas las reticencias que podía haber hacia su cocina. Parecía que el día iba a finalizar como los demás que habían pasado en el mar, esto es, sin incidencias y de hecho Kaldor ya estaba insistiendo a todo el mundo para que dieran gracias a su dios Habakkuk por tan agradable viaje, cuando un grito del vigía los puso a todos alerta.
Txon miraba por el catalejo. Empezaba a aburrirse de la monótona visión del mar a través del instrumento, sobre todo ahora que se encontraban más al norte y ya no se podía divisar tierra ni al este ni al oeste, cuando de pronto distinguió algo en el horizonte que llamó su atención. Se lo hizo saber al vigía, que remoloneaba apostado a su lado pero éste no consiguió discernir nada, así que devolvió el catalejo al kender diciéndole que descendiera si se estaba aburriendo. Pero Txon, seguro de lo que había visto continuó mirando por el catalejo hacia estribor. Lo que antes era un simple punto, ahora se había convertido en la forma, nítida para sus agudos ojos, de un barco. Entusiasmado se lo hizo saber de nuevo al vigía, quien al principio le dijo de malos modos que no lo molestara. Sin embargo y ante la insistencia y excitación del kender, accedió a volver a echar un vistazo y fue entonces cuando dio la voz de alarma. En efecto, un barco se les acercaba por estribor, pero lo que hizo dar el grito al vigía fue que portaba una bandera negra como la muerte. La bandera que los identificaba como piratas.
Tras el aviso, Jango, el contramaestre, apareció en cubierta y requirió el catalejo. Tras mirar en la dirección indicada, confirmó lo observado por el vigía, dio unas cuantas órdenes y volvió a desaparecer camino del camarote del capitán, situado debajo del castillo de popa. Disciplinados, los marineros se dispusieron a cumplir con las indicaciones impartidas por su contramaestre.
No tardó mucho en sobrevenir el primer cañonazo.
La nave corsaria, ya claramente visible, era más pequeña que el Fénix de los Mares, pero lo superaba ampliamente en potencia de fuego, como demostraban las numerosas y negras bocas que se abrían en el costado del barco enemigo. En cubierta, un nutrido grupo de piratas, fuertemente armados , vociferaba y gesticulaba con excitación, a la espera de que se produjera el abordaje. Lo que ignoraban los tripulantes del Fénix de los Mares es qué táctica utilizarían los filibusteros: si se mantendrían a distancia debilitándoles con sus cañones, o si por el contrario no serían tan pacientes e intentarían un abordaje directo.
El cañonazo de los piratas falló y fue directo al mar, salpicando a algunos de los integrantes del barco donde se encontraban los compañeros, que estaban todos reunidos y con las armas prestas.
Otro cañonazo enemigo erró por muy poco su objetivo. A continuación el Fénix de los Mares respondió por primera vez y descargó una salva que también fue a parar al agua. Tanis apareció al lado del grupo con el arco en la mano y una sonrisa en la cara. Les explicó que la decisión del capitán consistía en acercarse a ellos y forzar el abordaje, pues creía que así sería más posible la victoria. Como para ratificar las palabras del semielfo, una salva enemiga hizo blanco en cubierta y lanzó a algunos marineros por encima de la borda. Tanis se aferró a una escala y trepó por ella y los compañeros tomaron posiciones mientras el Fénix de los Mares iniciaba la maniobra de aproximación y descargaba otra ráfaga de cañonazos.
Los magos subieron al castillo de popa y aguardaron su turno tras el timón, lejos de la borda por donde se produciría el abordaje. También al castillo se encaramó John y sostuvo su arco dispuesto a no dejar que ningún corsario llegara sano a la cubierta del barco. Los kenders se colocaron en torno al mástil central con sus extrañas armas hoopak y kapak enarboladas. En primera línea se situaron, como su honor les exigía, Kaldor Knor y Sir Sánchez, los Caballeros de Solamnia.
Antes de que los primeros garfios fueran lanzados contra la baranda del Fénix de los Mares, pudieron ver como Tanis lanzaba una rapidísima sucesión de flechas contra los piratas y la mayoría acertó en su objetivo. Los corsarios respondieron enfurecidos con una descarga de pólvora que hizo blanco y abrió varias vías de agua que los marineros se esforzaban por achicar. También lanzaron una lluvia de flechas sobre la cubierta y acto seguido vieron volar los garfios de abordaje y contemplaron como la mayoría conseguía engancharse en la baranda de estribor del barco mercante. Los piratas hostigaban con proyectiles a los marineros para intentar disuadirlos de que cortaran los cabos de los ganchos y los primeros comenzaron a cruzar hacia el Fénix de los Mares. Los compañeros comenzaban a preparar sus propios proyectiles cuando oyeron una letanía que venía de algún lugar del barco enemigo. Nada más finalizar el cántico, contemplaron consternados como una niebla densa cubría la zona que quedaba entre las dos naves, ocultando a los piratas que en ese momento trataban de abordar el barco. Para aumentar su desasosiego se oyó un grito por encima de sus cabezas y vieron a Tanis descender de la escala con una herida abierta en el brazo izquierdo causada por una flecha enemiga. No obstante, el semielfo les dirigió una sonrisa de complicidad y se colgó el arco, desenvainó a la legendaria Wyrmslayer y corrió hacia la proa, donde ya comenzaban los primeros filibusteros a salir de entre la niebla. También el primer pirata asomó frente a los Caballeros de Solamnia, lanzando un mandoble con un enorme sable que Kaldor desvió por los pelos con su escudo. Otro pirata salto a la cubierta del Fénix de los Mares, este portando un sable en una mano y empuñando en la otra una daga. Corrió a ayudar a su compañero pero Sir Sánchez cerró filas, interponiéndose en su camino y trabando batalla con el recién llegado. Otros dos más, portando sendas ballestas aparecieron cerca de donde estaban los dos caballeros. John les disparó una flecha antes de que ninguno pudiera reaccionar, pero el proyectil no encontró su objetivo y el primer ballestero apuntó hacia su posición... pero nunca llegó a apretar el disparador de su ballesta.
-------- desde su posición cogió de uno de los bolsillos de su túnica un puñado de arena y lo dejo caer al suelo mientras con la mano derecha apuntaba al pirata y murmuraba: “ast tasark sinuralan krinawi”. El corsario miró en su dirección y acto seguido se tambaleo y cayó presa de un profundo sueño.
Entre tanto los kenders se lo pasaban en grande disparando piedras con sus armas en dirección al enemigo que luchaba con Kaldor con diversa suerte pues si bien Mathus acertó al pirata en la frente con uno de sus proyectiles, otras piedras no fueron tan bien lanzadas llegando incluso a golpear a Kaldor en la espalda, aunque, por fortuna, sin consecuencias mayores. Tanto Txon como Mathus recibieron una reprimenda por parte de Kaldor, que estaba ya bastante harto de escuchar piedras silbándole en los oídos. Asi que ambos hombrecillos cambiaron su objetivo y viendo que ningún otro Caballero de Solamnia gruñón andaba cerca del otro pirata con ballesta, lo escogieron a él como blanco de sus armas de proyectil. Éste disparó con su arma contra John, pero el virote ni siquiera pasó cerca del guerrero. Como respuesta, John cargó nuevamente el arco, lo levantó apuntando, y disparó la flecha que acertó al ballestero en mitad del pecho. El pirata se dobló hacia delante aún dispuesto a hacer un nuevo intento, pero un alud de piedras disparadas por los kenders acabó finalmente con él.
Por su parte, Zifnab tras pensar acurrucado bajo la baranda del castillo de popa, pareció que buscaba algo del interior de su túnica color verde. Cuando lo encontró se levanto con decisión y volviéndose hacia la nube de niebla, comenzó a gesticular y a murmurar unas palabras ininteligibles, tras lo que volvió a agazaparse parapetado tras la baranda. No pareció ocurrir nada, pero pasados unos momentos comenzaron a surgir del interior de la niebla gritos y maldiciones de los corsarios que encaramados a la cuerda engrasada mágicamente, caían irremisiblemente al océano que se abría bajo sus pies.
Entretanto, más corsarios seguían saltando a la borda del barco mercante y otros tantos resbalaban por las cuerdas hechizadas por Zifnab, que había transformado la niebla mágica en una ventaja tan útil como la que suponía para los asaltantes. Dos piratas saltaron a cubierta en el preciso momento que Kaldor, con un elegante giro de su espada, traspasaba a su adversario de lado a lado. Rápidamente corrió a enfrentarse con uno de los que acababan de saltar a bordo y nuevamente se vio envuelto en otra batalla.
El otro pirata, viéndose libre, corrió hacia el castillo de popa, pues los dos magos descendían por las escaleras con dagas en la mano y dispuestos a cortar las cuerdas por las que seguían llegando más y mas eemigos. De un salto se plantó delante de Zifnab, y lanzando un terrible tajo oblicuo de arriba abajo abrió el pecho del mago de túnica verde, quien solo pudo soltar un grito ahogado antes de caer inconsciente al suelo. -------, con gesto tranquilo enarboló su bastón y golpeó en repetidas ocasiones al verdugo de su compañero, primero en el estómago y luego en la cabeza dejándolo bastante maltrecho, si bien no consiguió acabar con él del todo y se alzó de nuevo dispuesto a cobrarse venganza.
Sir Sánchez también parecía tener problemas con su enemigo, quien movía el sable y la daga a una velocidad vertiginosa. Sangraban ambos por varias heridas aunque el caballero parecía llevar la peor parte. En una ocasión, Sir Sánchez se lanzó a fondo con su espada bastarda, que blandía con ambas manos, pero su rápido oponente desvió por dos ocasiones su embestida y le propinó una patada que hizo que el Caballero de Solamnia cayera sobre su propia arma, haciéndose un daño considerable. No obstante, apelando a su honor, Sir Sánchez se repuso de tan tremenda herida y continuó plantando cara a su hábil adversario.
De momento parecía que la avalancha de piratas se había detenido, lo cual dio cierto respiro a los defensores. Kaldor libraba un bonito e intenso combate contra su adversario, q llegó a alcanzarlo en una ocasión, dándole un puntazo con su sable. No obstante, el estilo del caballero era impecable, y solo fue cuestión de tiempo que el pirata sucumbiera ante los envites, fintas y quites que Kaldor Knorr ejecutaba a la perfección. Una vez hubo acabado con este nuevo enemigo, Kaldor oteó el estado de la batalla.
Los dos kenders disparaban ahora contra el contrincante de Sir Sánchez, aunque en la intensa batalla que ambos libraban ninguno de los dos combatientes parecía haberse dado cuenta. De repente, Txon, quien estaba a punto de disparar un nuevo proyectil con su hoopak apoyada en el suelo, hizo demasiada palanca, probablemente dejándose llevar por la excitación del momento, y su vara se partió en dos, dejando al pobre kender mirando los dos trozos de su hoopak con cara compungida. Maliciosamente, el Caballero de Solamnia pensó que Habakkuk estaba de su lado pro aquello.
También vio que John había desenfundado su arma y corría en auxilio de ------, que hacía lo que podía para defenderse de los furiosos ataques del corsario que lo acosaba sin respiro. Por el momento lo hacía bien pero Kaldor no creía que el mago blanco pudiera aguantar mucho más. Buscó a Zifnab y lo halló tendido en un gran charco de sangre, cerca de donde combatía -----, así que sin perder el tiempo corrió en auxilio del mago caído.
En efecto ----- se defendía bien de los ataques del pirata pero se encontraba al límite de su resistencia. Por el rabillo del ojo vio a John que corría en su ayuda pero justo entonces noto un dolor lacerante en su hombro derecho que retiró de forma refleja. El pirata había conseguido herirle aunque no era demasiado grave. Justo cuando el corsario se disponía a rematar la faena John dio un salto y bloqueó el sablazo que pretendía acabar con la vida de su compañero. Sin perder el tiempo y completando el movimiento, el guerrero de Sirgel empujó hacia arriba y soltó un mandoble de derecha a izquierda que alcanzó al corsario en el costado. Éste, maldiciendo retrocedió y se olvidó del mago y de su venganza, encarando a su nuevo adversario. Resultó ser un adversario más que digno para John, pues reponiéndose a la herida sufrida, lanzó dos o tres estocadas de prueba y a la cuarta alcanzó al guerrero en la ingle, introduciendo el sable entre dos placas de su armadura. Desgraciadamente para el pirata enfrente tenía un individuo curtido en más de una batalla y aprovechando que su enemigo se tiró a fondo y sin darle tiempo a reaccionar, John lanzó un tajo horizontal que a punto estuvo de cercenar la cabeza de su adversario. En ese mismo instante, Kaldor había llegado donde se encontraba el malherido Zifnab, y pidiendo el favor de Paladine y la gracia de Mishakal impuso las manos sobre el cuerpo del mago. Una tenue luz azulada cubrió las manos del Caballero de Solamnia y de repente la horrible herida transversal que cruzaba el torso de Zifnab, comenzó a cerrarse visiblemente, la respiración del mago se hizo mas reposada y el rictus de dolor se borró de su rostro.
Para entonces, la niebla se había disipado y todos pudieron ver como los piratas renunciaban al abordaje y a sus camaradas y su barco se alejaba en dirección opuesta. El contrincante de Sir Sánchez, viéndose abandonado, se rindió de inmediato, rendición que fue aceptada sin reparos por el honesto Caballero de Solamnia. Tanis apareció cubierto de sangre, aunque aseguró que poca le pertenecía y felicitó a los compañeros por el gran combate realizado. Observó asimismo las dos capturas realizadas y procedieron a atarlos y llevarlos a las bodegas hasta que llegaran a Hylo, su siguiente escala, donde serían puestos a disposición de la justicia. Los compañeros se encontraban exhaustos pero felices por la batalla vencida, con la única excepción de Txon que seguía mirando los dos trozos de su vara rota.

3 Comments:
Uau esto cada vez se pone mejor,jejeje.Muy buena esta entrega y la batalla muy currada. A ver si este finde se juega. Ale dew!!
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Txon, at 3:44 p. m.
Esta bien asi. Tu personaje, Occo, es imprevisible como ha demostrado a lo largo de toda la partida (además de que sirve al voluble dios Sirrion) y perfectamente puede haber decidido acompañar a Ramalad. Además, una de las razones por las que me decidí por esa opción es precisamente que luego te podría reenganchar más fácilmente, porque ya me dirás tú como pensabas encontrar al grupo si desconoces por completo su itinerario. De todas formas gracias por la carta(sacar un hueco para frikadas estando de Erasmus no debe ser fácil :P)
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Raistlin, at 3:45 p. m.
Bueno, a mi me gustó mucho la narración.
Esta muy currado. Yo tengo ya la historia. Y vosotros?
Kaldor Nor
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Feagul, at 9:18 p. m.
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